Él y yo

 Hacia tiempo que él se había ido, pero yo no era capaz de olvidarle. Todas las noches me sentaba en el sillón de mi casa y contemplaba los álbum repletos de miles de fotos, mientras recordaba aquellos maravillosos años en lo que estábamos juntos.
Me sentía sola cuando me levantaba por las mañanas y al ver el lado de nuestra cama en el que solías dormir me sentía realmente sola. Pero luego al salir y contemplar como nuestra hija y su marido paseaban con nuestra nieta hacía que me sintiera menos sola.

Ella era el único motivo por el que seguía adelante, todo me recordaba a él. El parque por el que solíamos pasear cuando eramos novios y, después de casarnos, por el que paseábamos a la niña en su carricoche. La cafetería donde se sentaba conmigo a desayunar cuando teníamos prisa. El restaurante que montamos y del que nos sentíamos realmente orgullosos.
Habíamos compartido muchas cosas, muchos recuerdos, muchos sentimientos. Eramos uno solo, por eso en esos momentos sentía que me faltaba algo.
Pero en ese momento la edad hacía mella en mi cuerpo y sabía que me faltaba muy poco para reunirme con él. Me agarraba a ese sentimiento con la esperanza de que el tiempo que faltaba fuese aun más corto.

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